La mayoría de las personas no fracasa porque el producto sea malo.
Fracasa porque no cree que puede venderlo.
Vender no es manipular.
Vender es ayudar a alguien a resolver un problema.
Si una persona tiene el cabello dañado y vos tenés la solución,
no vender es dejarla sin ayuda.
Cuando aprendés a vender:
No dependés de un jefe.
No dependés de que alguien te contrate.
No dependés de la suerte.
Generás tus propios ingresos.
El mundo funciona porque todo se vende:
Una mesa.
Un servicio.
Una idea.
Un producto.
Si sabés vender, siempre vas a tener oportunidades.
Respondé estas preguntas:
¿Cuánto dinero quiero generar por mes?
¿Cuántas unidades debería vender para lograrlo?
¿Qué problema real estoy ayudando a resolver?
Cuando tenés claridad en esos tres puntos,
tu emprendimiento deja de ser un intento y empieza a ser un plan.
Hay dos formas de vivir:
Buscar trabajo.
Generarlo.
Cuando aprendés a vender, pasás al segundo grupo.
Y ese es el objetivo de esta escuela.
En el siguiente módulo vas a aprender algo fundamental:
Cómo transformar un producto simple en múltiples ingresos.
Porque no se trata de vender un bidón.
Se trata de entender cómo multiplicarlo.